Mars, así se llamaba el chimpancé.
Estaba en una habitación, sentado, con cables alrededor de su cabeza y viendo un monitor. En él, se le mostraban diferentes figuras. Si salía un triángulo, se encendía una luz, él apretaba, salía un plátano.
Este era el juego…
Al cabo de unas cuantas repeticiones, el mono ya había aprendido que a la señal del triángulo, si hacía la rutina de apretar un botón, recibía la recompensa de un plátano.
El estudio no pretendía medir la inteligencia de los chimpancés. Ya sabemos que son muy inteligentes y que aprenden muy rápido. Continue reading →