Dicen que si dejas de fumar, recuperas el olfato…

Pues no es verdad.

Llevo más de un año sin fumar y no he recuperado el olfato. Todo me huele igual que antes.

Dicen que cuando dejas de fumar, vuelves o oler, sentir y degustar las comidas. Pues siento deciros que no es así.

A lo mejor es un tema que se debe al tiempo que uno ha estado fumando. Si se pasa de x años a lo mejor ya no se recupera igual.

Yo he estado 22 años, sin dejarlo ni un solo día. Y tengo que admitir que me gustaba. Ahora lo puedo decir bien alto. Sí, me gustaba inhalar humo.

Típica frase de un fumador ¿verdad?

Era lo que decía, pero obviamente ahora ya no pienso así.

Lo que sí he recuperado, o mejor dicho, he desarrollado, es una capacidad de superhéroe a detectar un olor en concreto. El de otro fumador.

Lo que oís. Puedo detectar a otro fumador en cuanto abre la puerta de un local, de una oficina, de un bar, de un restaurante.

Y no os creáis que he desarrollado un radicalismo loco contra los fumadores. En absoluto. Todo lo contrario, porque estaría evitando algo para lo que he reprogramado mi cerebro.

El olor a fumador se huele a distancia. Da igual que te lo hayas fumado en la calle, en exteriores. No sirve. Hueles.

Se impregna en la piel del que lo fuma. No se va.

Lo curioso es que el que fuma no lo huele. Eso sí, solo se huelen las manos.

Así me pasó a mí, pero no he sabido hasta 22 años después, la peste que desprendía. Y ya no quiero hablar de los besos.

Ahora entiendo al género femenino que por amor, besan a diario a un fumador.

Un premio para todas ellas. ¡Bárbaro!

Yo ahora mismo,  eso, me costaría mucho. Doy gracias a dios, que Teresa no fuma. Fumaba.

Estoy seguro que cuando dejas de fumar habrá gente que haya recuperado el olor. Mi caso no ha sido ese, y estoy seguro que es maravilloso.

Todo volverá a oler a…. polución. Porque en la ciudad no sé qué olores puedes encontrarte: tabaco, sudor, toalla mal seca, mal aliento,  fumador empedernido…

Esos son los que no se soportan.

Pero luego hay otros, perfumados, que son tan excesivos, que hasta marean.

Ni lo uno, ni lo otro.

Prefiero no oler.

Pero huelo a los fumadores. Puede ser un castigo por haber fumado tanto.

El castigo de los ex-fumadores: olerás el resto de tu vida a todo fumador y a distancia.

Puede ser…

Pero me siento mejor. Eso os lo aseguro.

He ganado la batalla a mi cerebro, que es lo más importante.

Un auténtico reto.

Así que, si no lo piensas, fuma. Pero si lo haces, no fumes.

Mañana más.

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