Descubre la palabra que mentalmente nos incita a empezar a fumar.

Tenía 15 años.

Estaba en el colegio. Nos habíamos escondido detrás de un edificio. Víctor, Alex y yo, íbamos a dar nuestras primeras caladas.

Me había hecho con un Marlboro light de mi madre. Lo teníamos todo preparado. Alex sacó un mechero. Lo encendió. Estaba claro que no era la primera vez que lo había hecho. Así nos lo dijo.

Le dio varias caladas. Sin inmutarse.

Me lo pasó. Le di la primera. No tragué.

-¡Qué tienes que tragar!

Le dí la segunda calada. No trague.

-¡Eso no es fumar, tienes que tragar!

Le dí la tercera. Tragué.

Empecé a toser como un descosido. Pasé el cigarro. Pensé que me moría.

Víctor le dio y empezó a toser también.

En ese momento, escuchamos unos golpes. Nos giramos.

Había un señor detrás de un cristal asomándose tras una cortina. Nos hizo un gesto con la mano.

Era Monsieur Smolders. El director del colegio, el Mr. Belding de mi etapa en el extranjero.

Habíamos fumado enfrente de la ventana de su despacho.

Tengo que decir, que el colegio en el  que estaba,  era muy grande. En Luxemburgo.  Había diferentes edificios y muchos clases y despachos estaban en la planta baja.

Esa fue mi primera vez. Lo que pasó a continuación pues fue lo típico: castigados y retenidos varios días después del colegio.

Marrón.

Al cabo de un año ya estaba comprando mi paquete de tabaco a escondidas para fumar los fines de semana.

Pero ¿por qué?

Hace poco, cuando me preguntaban que porqué fumaba, yo sin pensarlo respondía- porque lo necesito-.

Primer instinto.

Pero una persona con 15 años, ¿qué necesita?

Con 37 años uno puede tener muchas respuestas,  pero ¿con 15 años?

Pues con 15 años, una de las causas que poca gente sabe es la inseguridad.

Inseguridad provocada por una palabra: suficiente.

No tengo suficientes amigos.

No tengo suficientes relaciones.

No tengo suficientes novias.

No tengo suficiente libertad.

No soy lo suficientemente guay.

No soy los suficientemente conocido.

No soy suficientemente conocido.

Y esto, desde mi punto de vista, es una de las causas que nos incita a fumar.

Nos han metido en la cabeza que el fumar, te hace suficiente.

Y es justamente lo contrario, te hace insuficiente y, sobre todo, dependiente, que es aún peor.

Saber y admitir el porqué empezaste a fumar, es un paso crucial para dejarlo. Ya que, te darás cuenta, que con los años esas inseguridades han desaparecido o simplemente, nunca existieron;  además, de que me apuesto lo que sea, a que no te acuerdas.

Pero recordar, no te va a hacer dejar de fumar.

Pero es un gran principio.

Ahora no fumas por inseguridad, sino por hábito. Fumar no tranquiliza, todo lo contrario. Te altera. Desestabiliza. Y nosotros lo confundimos con satisfacción y recompensa, y creemos que eso nos proporciona tranquilidad.

El hábito se puede re-programar. Es un patrón. Y los patrones se modifican,  si uno quiere.

Así que, si no lo piensas, fuma. Pero si lo haces, no fumes.

Mañana más.

 

 

 

 

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